La franquicia de Lizarrán en Segovia, ubicada en la plaza del Doctor Laguna, cerró de un día para otro hace tres semanas, poniendo fin así a tres años ejerciendo de “embajada” del pintxo vasco, el producto estrella de la popular cadena de restauración. Popular hasta cierto punto. En Segovia, el “pincho de pago” nunca contó con excesivo predicamento y la andadura empresarial del negocio ha sido discreta, hasta el cierre final.

“Vender pinchos en Segovia es como vender hierro en Vizcaya, no tiene mucho sentido, la verdad”, explica un hostelero. El personal no estaba acostumbrado a pagar euro y medio por un montado (tirando a grande, eso sí) más la caña, de donde Lizarrán no ha sabido apenas encontrar parroquianos “de casa”, más allá de turistas confundidos.

La buena noticia es que el hueco va a ser cubierto en breve. Se va Lizarrán, entra La Trébede. “Queremos abrir, si no por el puente de la Constitución, en los siguientes días. Va a ser un bar cafetería tradicional, y los pinchos gratis, claro”, explica Roberto González, que junto con sus hermanos regenta el restaurante del Polígono de Valverde del Majano. Los hermanos ya cuentan con un probado buen hacer en su establecimiento de Valverde, desde donde además de atender una impecable barra y un concurrido restaurante, se han adentrado con éxito en segmentos como el catering o el take-away.

De momento plantean una reforma básica del establecimiento de la Casa Vasca. Pintura, cambio de rotulación y un mínimo de decoración “para una hostelería tradicional con algún guiño sorpresa”, prometen en La Trébede. Confiesan que no tenían planes de abrir por la capital, les salió al paso la oferta y la cogieron. “Puede ser una buena valla de publicidad para nosotros y además podremos atender a nuestros muchos clientes de la capital”, explica. La idea es abrir con entre cinco y seis de personal. Es decir, es una apuesta fuerte.